Cuando regresamos a casa del taller debemos tener cuidado de no hablar a otros acerca de nuestra experiencia. Es extremadamente difícil explicar las constelaciones a aquellos que no las han vivido. Es normal que mucha gente sea escéptica acerca de algo que está tan lejos de la experiencia normal y que desafía tanto la manera normal de percibir el mundo. Incluso siendo amistosos, una conversación analítica puede desconectarnos de la imagen curativa de la constelación. De tal manera, es mejor esperar un poco antes de tratar de hablar de nuestra constelación.
Cualquier cosa que pase en una constelación no debe usarse como receta para su comportamiento. La imagen tiene que descansar en su alma. A veces durante mucho tiempo, quizás medio año o más. Y uno no hace nada para cambiar. Las imágenes ya actúan, simplemente estando. Y al cabo de un tiempo en el alma se reúne la fuerza necesaria para hacer lo correcto. Aquello que es correcto y bueno será diferente de lo que uno ahora acaba de ver. El alma de la persona sabe mucho más todavía y al final uno sigue a su propia alma y así tiene la plena fuerza. Por tanto no sigue ni al terapeuta ni tampoco a esta imagen. Uno sigue a su alma. Pero esta imagen ha impulsado algo en su alma que posteriormente hace posible el actuar.
¿Y ahora cómo sigo? Aunque suene a slogan…siga participando.
A través de los años son muchas las personas que han tomado parte de los talleres de constelaciones familiares que coordino. En general los que se acercan por primera vez al grupo es porque necesitan la claridad que la constelación aporta, traen alguna inquietud o tema a resolver, son consultantes. Esta sería la intención primera: “tengo un problema y necesito ver o conseguir alguna solución.”
En mi práctica advierto que existe una especie de avidez de solucionar, de constelar si ó si. Sin embargo es, a través de la misma vivencia, que percibo la importancia de participar y esto por muchas razones. Constelaciones familiares nos insta a reflexionar sobre todos nuestros vínculos, sobre la vida misma en toda su plenitud.
Seguir participando nos ayuda a entender que constelaciones familiares no es la solución mágica de abrir el sistema. Una de las mejores formas de procesar el movimiento que se da en la constelación es seguir participando. El hecho de ser representante aportará entendimiento de los órdenes a la vez más fuerza y energía para sostener el propio proceso.
En este “poner el cuerpo” se da un rico aprendizaje y muchas veces las personas resuelven e integran procesos propios y profundos.
Otras de las cosas que se aprende siendo participante es a observar. En el momento en que uno se ubica en el espacio empieza a percibir impulsos, movimientos, emociones. El aprendizaje al que me refiero es el de poder estar observando eso que pasa sin identificarse, por que no es propio, como un entrenamiento en disociación instrumental. Esta me permite tener conciencia de lo que estoy sintiendo y poder expresarlo si la dinámica lo requiere y una vez terminada la constelación poder soltar el rol.
Otro aprendizaje tiene que ver con procesos personales o la propia historia. Es que a pesar de que uno representa algo de otro y a pesar de saber que es del otro, siempre que uno representa esa experiencia trae información o conocimiento que puede ser útil para disparar un darse cuenta propio. Suele suceder que en repetidas ocasiones le toca a la misma persona representar personas en situaciones similares, con emociones similares.